Desde que tengo uso de razón, siempre me ha gustado el deporte. Tanto de ver como de practicar. Sin duda, todo deporte genera pasiones, sentimientos, que siendo bien canalizados hacen del deporte una actividad bella. fútbol, basketbol, tenis, baseball, etc,.

Pero enfoquémonos al fútbol, tal vez el deporte más popular del mundo, no creo que exista personas que no sepa que es o de que trata. Por si solo es un deporte bello, que sin duda levanta pasiones, jugadas, trabajo en equipo, jugadas de fantasía, alegrías, tristezas, pero…¿Qué pasa cuando esa pasión se convierte en fanatismo?.Es en este punto cuando el deporte pierde esa esencia de competitividad sana y pareciera que es el pretexto perfecto para iniciar una batalla campal.

Recientemente, esta circulando el video de lo que sucedido en un partido de la liga egipcia, de como los aficionados del equipo local se volcaron hacia la cancha para agredir al equipo contrario. Pero lamentablemente no es la primera, y tal vez no sea la última.

Revisando la historia del fútbol, encontramos hechos parecidos que debieran llenarnos de vergüenza. En un partido internacional de la Copa Libertadores 2004, entre el América (México) contra el Sao Caetano (Brasil), efectuado en el estadio Azteca de la Ciudad de México, la porra del club mexicano ser torno violenta ante la eliminación del citado club, llegando hasta la cancha, insultando y agrediendo a los jugadores del club brasileño. Y no solo por parte de los jugadores, sino la “afición” americanista metiéndose a la cancha y a agravar mas el pleito en ese momento.

Pero no es un problema exclusivo de México, en Inglaterra están los casos bien documentados de los grupos llamados Hooligans, grupos pertenecientes a distintos equipos de la liga Premier de Inglaterra que se caracterizan por el choque contra grupos de aficionados, u otros hooligans del equipo contrario, enfrentamientos que han terminado, en muchos casos con resultados trágicos de muertos por estos pleitos. Esto ha llevado a hacer legislaciones no solo en Reino Unido, sino en distintos países como Alemania o Italia, donde también se han visto afectados por el flagelo de la violencia extra cancha. Esta también el fenomeno de “las barras bravas” en Argentina, muy parecido a los hooligans en Inglaterra, grupos de personas seguidoras de un equipo las cuales también emplean la violencia contra los aficionados de equipos contrarios.

Ejemplos se podrían citar infinidad, pero todos llevan a un mismo punto, la violencia extra-cancha es un ejemplo de como se llega al fanatismo y se pierde toda esencia deportiva sana. Mas grave aún, que siendo el deporte una actividad familiar, muchos niños tengan que ser testigos de la violencia generada a su alrededor, pudiendo esta misma pasar facturas a los infantes que nada tienen que ver con los pleitos de las personas “adultas”.

El espíritu deportivo no es llevar las pasiones al punto de la violencia, si pudiéramos definirlo, seria como la competencia sana y honorable entre personas o equipos, conocido en el argot deportivo como “fair play”. Las pasiones o el sentimiento generado de euforia, alegría, tristeza, éxito, fracaso son parte del juego. Lo que ya no entra es la agresión, el insulto, diatriba y desde luego la violencia física. Lamentablemente, tenemos que ver escenas como las de Egipto, México, Inglaterra, Italia, Argentina, etc, donde el no saber canalizar el sentimiento de la gente lleva a cometer actos deleznables como los antes citados. Nadie gana nada, quien más pierde es el deporte, ya que esas acciones lo único que logran es desvirtuar la verdadera esencia de la competencia deportiva.

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