A mi buen amigo, Sr. Vicente.

Hay sin duda noticias que ponen a uno alegre, otras triste, pero cuando te llegan de sorpresa, como balde de agua fría, se asimila más lento, se necesita tiempo para acomodar los pensamientos, las ideas, recuperarse el shock de lo fortuito.

Hoy recibí una de esas noticias, una de esas que nadie nunca quisiera escuchar, que hace un mes usted, mi buen amigo, dejo de existir. Me conmovió la forma en la que nuestro amigo en común me la dijo, al borde de la lágrima; sin duda, su presencia nos hará falta.

Y como es la vida, con sus peculiaridades, que precisamente para estas fechas, coincidimos en la plaza donde llevamos a recrear a nuestros perros, usted al badoo, yo al nerón, a estas fechas hace un año empezó una gran amistad.

Creo que si hoy estoy tranquilo, aun sabiendo que quien nos hará compañía es su ausencia, es porque siempre le hice manifiesto el agradecimiento por toda la confianza y la gran amistad que sin duda alguna se forjó. Ahora solo viviremos de recuerdos, de esos buenos recuerdos, de esas tardes de largas charlas sobre casi cualquier tema, los buenos ratos de carcajadas y los consejos que no serán en vano.

Hoy que fui a visitarlo y no encontré respuesta, me vino a la mente la idea que tal vez ya no vivía allí, que tal vez se había mudado, sin embargo, hoy que recibí la noticia, se me vino a la mente la incertidumbre, la sorpresa, el desatino, la confusión y la nostalgia.

Decidí volver a la plaza, lugar de nuestras largas y muy enriquecedoras charlas, recorrí el mismo camino, y al llegar al lugar nuevamente me vi invadido por la nostalgia; parecía hecho de adrede, no vi a los amigos del Nerón: al hansel, a la Buba, al Loki, Mago o al pancho, ni a nadie de nuestros viejos amigos. Estaba sola la plaza, descuidada, con el pasto crecido y poco cuidado, pareciera que también ellos se fueron, menos de 10 minutos dure allí, sin duda la ausencia pesa.

Lo único que lamento es no haberme despedido de usted, como lo hacen los amigos, hace ya meses desde la última vez que nos despedimos con un “nos vemos pronto”, pero el pronto se convirtió en un adiós permanente.

Sin duda en estos meses pasaron muchas cosas, había mucho de que charlar, como le dije aquella vez “Estaré preparando mi titulación y apenas acabe, aquí nos veremos”, y cumplí, acabe el trabajo, pero la vida no cumplió, y nunca más coincidiremos.

Creo que dejaremos pendientes esas charlas para otro momento. Siempre agradeceré sus palabras de ánimo y el apoyo, espero que también usted se haya llevado un poco de lo poco o mucho que sabía, hablar sobre lo que hacía como practicante era un buen aliciente, cuestiones de la vida, de la política y de lo no terreno.

Mi buen amigo, se que ya esta descansando, le vuelvo a prometer un hasta pronto, solo que este tardará años, espero muchos años, y hasta que ese momento llegué y nos volvamos a ver, le prometo que podremos seguir nuestras charlas pendientes, pero hasta ese entonces, me despido de usted.

En paz descanse Sr. Vicente.

 

 

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