“El tiempo no había pasado en vano, pero parecía que no le pesaban los años, ni el humo de los miles de cigarros, ni el cansancio por los kilómetros recorridos, ni siquiera el peso de los peores recuerdos.

Se encontraba allí, otra vez era yo, sin titubeos, era todo lo que quería ser, todo lo que se propuso lo logro, un trabajo, una familia, logro hacer su vida. Podría caminar y aparentar que en su pasado nunca hubo algo o alguien que amedrentara su coraje, pero no era verdad.

Hubo en su vida, una mujer, como todos, siempre tendremos esa espina que de vez en cuando, sigue pinchando profundo. Por momentos, el recuerdo de ese tiempo llegaba súbitamente, sabía que era un recuerdo, bueno o malo no podría definirlo, peor era un recuerdo a fin de cuentas.

Por tantos años, tomo su camino aparte, logro desprenderse de sus ataduras, pero las marcas de las mismas parecen no haber desaparecido. Pese a tantos años sin saber de ella, a tantos días de distancia, ¿Como saber si todo eran solo secuelas o el deseo reprimido de un viejo amor?

Caminaba por la calle, un día cualquiera en la ciudad, cualquier cantidad de pensamientos se le venían a la mente, mientras miraba al rededor, las viejas calles empedradas, los edificios antiguos que contrastaban con la modernidad. Allí iba, un día cualquiera, no se dio cuenta, que a su lado, paso ella, aquella mujer que alguna vez ocupo sus pensamientos y sus joviales horas, siguió caminando sin inmutarse. No es una herida que no ha cicatrizado, no es un mal recuerdo, no es un buen recuerdo, es solo, que tiene demasiado tiempo para pensar.”

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