Y veo como corre el tiempo, lento, unidireccional, lleno de una sobriedad que me asusta; porque ya no hay esos cambios de cursos tan repentinos y tan acertados, porque nuestra historia fue  ese cambio súbito de dos caminos que lograron converger y que en un parpadeo se volvieron a bifurcar.

¿Y si esta historia ha terminado? ¿Dónde quedarán mis promesas? No pude cumplir lo que te prometí, de hacer que esto durara, de que no fuera la historia corta en la que se ha convertido, en la que tal vez solo quede el recuerdo de lo que fue y no será.

Eres esa agua que no debo y no puedo beber, así la sed me este matando como aquel desafortunado perdido en la inmensidad de las dunas. Si nuestros caminos aquí se separan, déjame verte por última vez tu rostro, tal vez sentirlo, escuchar por última vez esa voz que me desarma, aunque sea solo para decir “adiós”

Serás esa historia que no contaré, ese recuerdo que guardaré, la imagen que he de tatuarme en aquel lugar donde solo los recuerdos habitan. Me inventaré mi mundo contigo, los sueños parecen un buen refugio, y despertar solo para maldecir cada mañana por no tenerte.

Prométeme que todo te saldrá bien, que serás feliz, que darás lo mejor de ti. Porque yo te prometo, que si las cosas salen como tú quieres, seré el primero en alegrarme contigo y por ti, pero más aún, te prometo que si las cosas no salen de la mejor forma, también seré el primero en estar para ti.

Dios quiera que la vida te lleve a buen puerto, es lo que puedo desearle a quien me dio tanto en tan poco tiempo, a quien será ese amor inolvidable. Dios quiera y esos sueños y esas ilusiones se hagan realidad. Dios bien sabe que es cierto.

Te quiero…

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