Torreón es una ciudad joven, hace apenas 107 años que fue elevada a la categoría de ciudad. Y cuando la ciudad solo tenía 7 años como tal, ocurrió uno de los episodios más importantes, pero también, más sangrientos de la Revolución Mexicana, la Tercera toma de Torreón.
Plano batalla de Torreon  Marzo-Abril 1914 red1opPero hagamos una remembranza. Torreón a lo largo de la lucha revolucionaria iniciada en 1910 fue tomada 4 veces, 3 de ellas reconocidas y la cuarta no es tomada en cuenta, puesto que fue posterior al triunfo revolucionario sobre el gobierno ilegitimo de Victoriano Huerta. La primera batalla tuvo lugar el 20 de Marzo de 1911, culminando con la matanza de más de 300 inmigrantes de origen chino a manos de Benjamín Argumedo (muchos siguen en la falsa creencia que fue Villa, pero en esta batalla el no participo). La segunda batalla tuvo lugar el 29 de septiembre de 1913 (en esta si participo el Gral. Francisco Villa), obteniendo también la victoria sobre el ejército federal.
La tercera (y la más conocida) tuvo lugar a finales de Marzo de 1914Torreon 1914Abr03, siendo tomada la plaza el día 1° de Abril de ese año. Francisco Villa comandaba la denominada “División del Norte” mientras que los soldados federales eran comandados por un general de mucho prestigio, el Gral. José Refugio Velasco. Estos dos jefes militares se enfrentarían en lo que habría de ser la batalla más importante y una de las más sangrientas (sino es que la más sangrienta) de la etapa revolucionaria. Anexo la descripción de la batalla, tomada del libro “Grandes Batallas de la Independencia y la revolución Mexicana” publicado por la SEDENA (en otra ocasión consultare otras fuentes para poder ampliar el panorama al lector de lo que fue esta batalla).

La geografía de la ciudad de Torreón, Coah.
Geográficamente, la ciudad de Torreón se encuentra ubicada en la ribera derecha del río Nazas, que la separa, al mismo tiempo, de la ciudad de Gómez Palacio, Dgo., con la que está conurbada por tres puentes (uno por ferrocarril), y tres vados de 250 metros de largo. Esta plaza está situada a 25º 32` de latitud norte, y 103º 27` de longitud oeste, y a 1,130 metros sobre el nivel del mar. Su clima es semidesértico, con temperatura media de 22.2º y con una máxima ocasional de 49.5º y mínima extrema de -9º. Existen vientos dominantes del sureste y lo más intensos del sur-sureste.
En cuanto a las comunicaciones terrestres, podemos mencionar que, a principios del siglo XX llegó el ferrocarril a Torreón. Sus conexiones con el Pacífico, el norte y con el centro de la República, así como el ser una población ubicada en el tramo ferroviario de México a Laredo, Tamps., convirtió a la plaza en el tercer centro ferrocarrilero más importante del país, lo cual motivó a Villa para tomar la Plaza, ya que las características mencionadas, hicieron de Torreón un punto estratégico en el aspecto comercial y militar.
La táctica
Por su posición geográfica, Torreón, durante la Revolución, resultaba una plaza difícil de tomar y fácil de defender. Este último punto, se refiere a la topografía que, bien utilizada, permite que los cerros que la rodean funjan como una muralla natural. En dicho cerros, los federales emplazaron su artillería y se prepararon a resistir las fuerzas revolucionarias. La única vía de acceso estaba definida por una serie de llanos, con vegetación conformada por chaparros; esto permitía que, para defender dicho punto, sólo se necesitaba accionar la artillería, repeliendo efectivamente cualquier ataque.

La división que dirigía Villa, fue dividida en tres armas: infantería, caballería y artillería, contando con servicios de sanidad, transporte y alimentación. En el parte que rinde el General Francisco Villa a Venustiano Carranza, Jefe Supremo del Ejército Constitucionalista, declara que, en la plaza de Torreón se tenían alrededor de 4,000 efectivos, incluidos los voluntarios denominados “Defensas Sociales”. Dichos elementos, como ya se ha dicho, fueron comandados por el General de Brigada Eutiquio Munguía y asesorados por el General de División Ignacio A. Bravo. Los ejércitos contendientes
A principios de 1914, Torreón era defendida por la División del Nazas del Ejército Federal,
bajo el mando del General de División José Refugio Velasco, con un efectivo aproximado
de 10,000 hombres, con 12 piezas de artillería, además de los refuerzos que recibió, que
ascendieron a 6,550 hombres, 2 baterías de 80 mm y una de 75 mm. (12 piezas de artillería más). En total 16,550 elementos y 24 cañones, durante el ataque revolucionario, todos provenientes de distintas unidades y corporaciones del Ejército y Cuerpos Rurales del interior del país.
Los abastecimientos eran recibidos por vías férreas procedentes de Monterrey y Saltillo.
Además, contó la División del Nazas del Ejército Federal con dos formaciones sanitarias bien conformadas (Gutiérrez 1955: 312), además de que la cercanía con los Estados Unidos facilitó la compra de pertrechos (Katz 1981: 146-152). Por otro lado, en cuanto a las formas de combate, fueron esencialmente elaboradas sobre la práctica; el mayor problema que enfrentaron fue la artillería federal, la cual neutralizaron con diversidad táctica, donde el caballo fue un elemento básico, además de aplicar la guerra convencional y la de guerrillas, combinadas, permitiendo un mayor desempeño sobre el terreno. De este modo, al momento de atacar Torreón, llegó a sumar 18, 000 efectivos, en su mayoría tropas de caballería y en menor proporción de infantería. Además, de 34 piezas de artillería de diversos calibres, de numerosas ametralladoras y suficientes municiones (Canales 1940: 115).
Torreón es recuperada por los federales y Villa la retoma
(Marzo y abril de 1914)
[…] Torreón es recuperada por los federales bajo el mando del General
José Refugio Velasco, el 9 de diciembre de 1913. Esto, para Villa, significó un retroceso, en vista de que Torreón representaba el centro ferrocarrilero de la región. Con dicho afán, nuestro personaje va a apostar todo, iniciando los preparativos para recuperar Torreón.
Al inicio de 1914, el Ejército Federal había sufrido varias derrotas, sobre todo en el estado de Chihuahua; sin embargo, en un movimiento político que buscaba levantar la moral de las fuerzas federales, el General Huerta realizó declaraciones, afirmando que había consolidado su gobierno y que la Revolución había sido derrotada. Sin embargo, los norteamericanos habían tenido
conocimiento de las batallas de Cananea, Naco, Nogales, Ciudad Juárez, Ojinaga, etc., por lo que deciden retirar la prohibición de comprar armas en su territorio y pasarlas a suelo mexicano; dicha resolución se firmó con fecha 4 de febrero.
Con esta disposición, los beneficiados directamente fueron los constitucionalistas, que
controlaban los puertos fronterizos de Nogales, Ojinaga, Ciudad Juárez, Reynosa y Matamoros, mientras que los federales sólo controlaban Piedras Negras y Nuevo Laredo, y que sin embargo, no controlaban las vías férreas que comunicaban la región. Como era de esperarse, Huerta expidió un decreto aumentando el efectivo del Ejército Federal, hasta la cantidad de 200,000, además de solicitar armamento y municiones, en Europa y Japón, incrementando de modo exorbitante la “leva”.
Los revolucionarios aprovecharon el retiro de la prohibición y adquirieron grandes cantidades de pertrechos bélicos, lo que les permitió organizar e incrementar sus grandes unidades. Esto permitió que la División del Norte incrementara su potencia de fuego, y por consecuencia, la efectividad en las misiones que el Alto Mando Revolucionario le encomendó.
El arte de la guerra entre los contendientes
Villa primero incomunicó a la región; para tal efecto, dinamitó las vías del ferrocarril que
comunicaban con las ciudades de Saltillo y Zacatecas, para después iniciar el avance con más de 8,000 hombres y 29 cañones, sobre la guarnición federal de Bermejillo, que fue arrasada por las tropas constitucionalistas. El 20 de marzo de 1914, el General villista Eugenio Aguirre Benavides arrebató a los federales Tlahualillo, mientras Tomás Urbina atacó Mapimí. Por su parte, Gómez Palacio y Lerdo caen ante los villistas (González 1985: 679).
Al final podemos mencionar la toma de Torreón y las dificultades que tuvo que sortear Villa, tales como las condiciones del terreno, y la ciudad rodeada de cerros y lomeríos, que le dan un aspecto de estar amurallada, y que permitieron un emplazamiento perfecto de la artillería. Estos cerros, sólo permitían acercarse a la ciudad por los claros que quedaban, los cuales no tenían mayor vegetación que arbustos pequeños llamados “chaparros”, de modo que sólo había que activar la artillería y terminar con los agresores.
De igual modo, Villa tenía en su contra, que no dirigía una fuerza armada, disciplinada y entrenada, como lo era el Ejército Federal, aparte de las diferencias significativas de las cargas ideológicas que manejaban ambos mandos. Por un lado, el Ejército Federal, con conceptos como el “espíritu de cuerpo”, “honor militar” y sobre todo la disciplina a la que estaban adoctrinados los federales, y por otra parte, en la División del Norte la ideología estaba determinada por las necesidades básicas que les habían hecho levantarse en armas. Es decir, ante la carga ideológica heredada del constitucionalismo, Villa se enorgullece de pedir “Libertad y Constitución”, máxima con la cual firma el parte oficial que dirigió a Venustiano Carranza, de la toma de Zacatecas, el 23 junio 1914; pero, a pesar de no referir elementos ideológicos, que busquen aglutinar a las tropas villistas, se percibe un Villa que es seguido por la gente del pueblo, en base al carisma que le caracteriza, así como por el miedo infundido en su gente.6
Una cultura del terror7, infundida a través de prácticas de intimidación y de relaciones basadas en la identificación de Villa, como un líder que surge del mismo pueblo. En un principio, se podría percibir que estas características, en su momento, pudiesen haber retardado la toma de Torreón, o en el peor de los casos, impedir su conquista; sin embargo, los villistas enarbolaban como bandera, la reivindicación de los derechos del pueblo mexicano, que cansado del despotismo del régimen porfirista, se había levantado en armas.
Para esta fecha, los efectivos de la División del Norte eran 8,200 hombres con 200 artilleros, comandados por los generales Felipe Ángeles, José Rodríguez, Tomás Urbina, Maclovio Herrera, Toribio Ortega, José Isabel Robles, Eugenio Aguirre Benavides, Rosalío Hernández, Orestes Pereyra, Calixto Contreras y Severino Ceniceros. Además de los Coroneles, Trinidad Rodríguez, Miguel González, Manuel Medinaveytia, Raúl Madero, Martiniano Servín, Manuel García Santibáñez y Máximo García, y los Tenientes Coroneles Martín y Pablo López, y Rodolfo Fierro. Por su parte, la artillería se conformaba de 29 cañones, entre los que se pueden mencionar los nombrados como “El Niño” y “El Rorro”, además de una sección de ametralladoras, mil granadas y demás artefactos.8
Al inicio de los combates, en Tlahualillo, el Ejército Federal fue derrotado y se repliega a Gómez Palacio, en donde Villa se acerca por el Sur, con sus trenes. Por otro lado, a pesar de que envían al Teniente Coronel Enrique Ovalle a reforzar la posición, que el Ejército Federal resguarda en Sacramento, comandando a 1,000 hombres, Aguirre Benavides y Raúl Madero tomaron dicha plaza.
Envían entonces al Coronel Meraz a reforzarlos, pero Villa, a su vez, envía dos batallones a apoyar a Aguirre Benavides; sin embargo, la resistencia de los federales fue tenaz y no tardaron en llegar rumores a Villa, que Sacramento caía, pero era falso; sólo por dos puentes que ardían, se vislumbraba que la plaza caería pronto.9
De pronto se dio una tregua y los revolucionarios amenazaron con retirarse, cuando llegó el General Ricardo Peña con 800 hombres y el objetivo de defender la plaza. Sin embargo, el 22 de marzo los villistas atacaron con decisión, bajo el mando del Coronel Martiniano Servín, que logra emplazar su artillería de modo certero. Al siguiente día, los federales continuaron con una fuerte defensa, en la cual destacaron las fuerzas apostadas en el Cerro de la Pila, donde se ubicaba la artillería federal, La Jabonera, La Casa Redonda, La Trinchera, etc.
Por su parte, el General Felipe Ángeles colocó las baterías revolucionarias en la parte sur del Cerro de San Ignacio y otras en la izquierda de la estación Vergel. A las 7 de la mañana iniciaron los fuegos villistas. Ante la férrea defensa de los federales, el General Villa convocó a una junta de Comandantes, en la cual se decidió atacar a Gómez Palacio, para las primeras horas de la tarde.
Al medio día, la artillería federal atacó con insistencia El Vergel, que se encontraba en manos de los villistas. Pudo la gente de Villa observar, que los federales preparaban un contraataque; entonces, Villa reforzó su centro con 500 hombres y su escolta. Esto intimidó a los federales, quienes cesaron en su intento, mientras las fuerzas revolucionarias atacan Gómez Palacio y se combatía con intensidad en Ciudad Lerdo y Sacramento.
Al General Maclovio Herrera se le designó para tomar Ciudad Lerdo; al ejecutar su misión y alargar la línea de combate, fue atacado por la caballería de los federales, comandada esta última por el General Ricardo Peña, que buscaba realizar un movimiento envolvente por un flanco, con el fin de apoderarse de la artillería revolucionaria. Sin embargo, el General Herrera no desistió, y Villa, al frente de su escolta de Dorados, cargó con furia contra los federales. Al terminar dicha acción, ordenó a las tropas replegarse a El Vergel, en vista de que en Sacramento, Ciudad Lerdo y Gómez Palacio, fueron rechazados.
El 24 de marzo, a las 09:00 horas, el General Aguirre Benavides toma Sacramento, quedando en manos de los villistas 3 convoyes de ferrocarril con abastecimientos y 12, 000 cartuchos; en esa misma fecha cayó Ciudad Lerdo, en una acción dirigida por el General Herrera, con un movimiento envolvente. Es decir, Villa dispuso que ese mismo día, en punto de las 3 de la tarde, se iniciara el avance; por el ala derecha, el General Maclovio Herrera con las Brigadas Villa y Juárez, atacando
el frente, con el objetivo de apoderarse del Cerro de la Pila; por la izquierda, el General Rosalío Hernández a Gómez Palacio, por el oriente, para apoderarse de la ciudad; y la artillería bajo el mando del General Felipe Ángeles, avanzando por el centro, con el objetivo de asegurar cada tiro y destruir el frente de los federales. El ataque se inició como se había previsto, y para las 21 horas, se inició el asalto al Cerro de la Pila, bajo las órdenes de Villa; esta maniobra fracasó, en vista de que las unidades que atacaron por el ala izquierda, se movieron con lentitud, por lo que no llegaron a tiempo al combate. En dicha acción, perdió la vida el General Ricardo Peña, Comandante de la caballería federal. Los federales tuvieron 360 bajas y los villistas 420.
El 26 de marzo, se movilizó la artillería pesada de 101 mm., por la vía del tren, montada en plataformas. Al mismo tiempo, los federales lanzaron un contraataque en el Cerro de la Pila, lo que les permitió recuperar sus posiciones defensivas. Acto seguido, los federales cargaron contra el frente revolucionario y, gracias a la artillería, por poco logran la captura de las baterías revolucionarias, por lo cual, Villa ordena el repliegue de las mismas hacia El Vergel, y que la infantería conservara la posición a toda costa.
De igual modo, a las 4 de la tarde se ordenó un contraataque, con refuerzos que habían llegado bajo el mando de los Generales Joaquín Mass y Javier Moure, ambos con 1,800 hombres y dos baterías. Ante los movimientos de los federales, Villa acuerda con sus Generales atacar Gómez Palacio al anochecer; para ello dispuso, que en el centro atacara el General Urbina, al mando de las Brigadas Villa, González Ortega, Morelos y Guadalupe Victoria, acompañado de tres baterías; a la derecha, el General Maclovio Herrera, con las Brigadas Juárez, Cuauhtémoc y Juárez de Durango, con tres baterías, y a la izquierda el General José Isabel Robles, con las Brigadas Robles, Zaragoza y Hernández, con una sección de artillería de montaña.
Al caer la noche, los villistas cargaron con todo, para encontrarse con la sorpresa de que los federales habían abandonado Gómez Palacio; esto, en vista de que el General Velasco consideró que sería costoso defender su posición, por lo cual había realizado movimientos de tropas creando una distracción, mientras se retiraba a plena luz de día.
El día 27, Villa acercó su artillería y demás equipo a Gómez Palacio, y fue descubierto un croquis de la defensa de Torreón, que Villa entregó al General Ángeles, para que se lo interpretara, a lo cual el General Felipe Ángeles instó al General Velasco, para que se rindiera. La negativa fue rotunda. El 28 de marzo, Villa realizó una vez más una junta de Generales, donde decidieron atacar
Torreón en la noche, para lo cual ordenó el siguiente dispositivo:
1. Por la izquierda las Brigadas Zaragoza, Juárez y Robles.
2. En el Centro el resto de la División del Norte.
3. Por la derecha la Brigada Contreras y algunas fuerzas del estado de Durango.
4. Reserva las Brigadas Villa, Morelos, Cuauhtémoc y González Ortega.
Por su parte, la defensa de los federales consistía en puntos fuertes:
1. En el centro el cerro de Santa Rosa.
2. En el oeste los cerros de la Polvareda y las Calabazas.
3. Al este la ciudad de Torreón.
Durante el día 28, los federales hostigaron las posiciones villistas, sin que estos respondieran, más que con algunos tiros de artillería preparativos; sin embargo, para la media noche el combate se generalizó. Los villistas comenzaron cosechando triunfos por el centro y por la izquierda, y la reserva entró a reforzar el centro; sin embargo, por el lado derecho encontraron una fuerte resistencia, por lo que fueron apoyados por la artillería. Ante esta situación, los revolucionarios marcharon contra las posiciones de los Cerros Las Calabazas y La Polvareda, alturas que dominan el cañón del Huarache, las cuales presentaron obstáculos fabricados por los federales; barricadas, trincheras, nidos de ametralladoras, etc. Sin embargo, a las 8 de la noche fueron tomadas por los revolucionarios, para después caer el cerro de Santa Rosa.
A las 7 de la mañana del día 29, se registró un contraataque federal, logrando momentáneamente capturar las alturas mencionadas, pero fueron replegados a sus posiciones una vez más. Una hora más tarde, los revolucionarios atacaron con gran ímpetu, por la derecha, la ciudad de Torreón, logrando posesionarse de la Alameda. Al mismo tiempo, por el lado de Sacramento, el Coronel Toribio de los Santos informó que, procedentes de Monterrey, se acercaban refuerzos para los federales, a bordo de cuatro trenes militares, y que ya habían llegado a la Estación Benavides. Entonces Villa ordenó al General Toribio Ortega, marchar a San Pedro de las Colonias, con 2,500 hombres de las Brigadas Ortega y Hernández, con el objetivo de bloquear el paso a los refuerzos, y comprendió que debía tomar la Plaza, ya que era evidente que el Ejército seguiría mandando refuerzos a Torreón. Por lo tanto, ordenó al General Urbina que con las Brigadas Villa y Morelos, atacara por el centro a las posiciones federales, apoyado con la artillería. Acto seguido, se ordenó un ataque en masa; los federales fueron perdiendo terreno, con grandes bajas humanas y de equipo; primero el cerro de las Calabazas, después el cerro de Santa Rosa, hasta el día 30, que los federales se replegaron en el cerro de la Cruz. El día 31 de marzo, ante la conquista del margen derecho del río Nazas, se conservaron las posiciones. Al observar esto, los federales atacaron con todo lo que poseían el cerro de Santa Rosa y a las 3 de la tarde, realizaron un ataque contra la Brigada Robles, a la que no le causaron mucho daño; esta Brigada se rehízo y conservó la posición, teniendo como respuesta el bombardeo del cerro por parte de los federales.
El 1/o. de abril, los federales buscaron salir por la cuesta de la Fortuna, intento que fue rechazado, y que era signo inequívoco de desesperación; de hecho, la artillería federal intensificó sus ataques a las filas constitucionalistas, pero Villa no contestó estas agresiones, ya que esperaba que el enemigo agotara sus municiones. Aparte de que, por la tarde, se dotó a los villistas de bombas de dinamita, y durante la noche se registró el arribo de 800 revolucionarios, bajo el mando del General Luis Gutiérrez; así mismo, llegó un batallón de zapadores y la Brigada Carrillo, con 1,400 hombres procedentes de Durango. Estando en tales condiciones, a las 9 de la noche del 1/o. de abril de 1914, el General Villa ordenó el ataque general, desplazando la artillería en los cerros de las Calabazas y Santa Rosa, lo cual permitió tomar la estación del ferrocarril, que era el objetivo principal como punto neurálgico. Al mismo tiempo, las fuerzas villistas tomaron el cañón del Huarache, mientras el centro irrumpió en las calles de la ciudad, desde la Alameda hasta la zona comercial.
En punto de las 11 de la noche, se registró una interrupción de energía eléctrica, lo cual marcó el clímax de la batalla, y aunque el ataque disminuyó durante la madrugada del 2 de abril, se continuó combatiendo, hasta que los revolucionarios se apoderaron de la presa del Coyote y del cerro de La Polvareda (Aguilar 2006: 28-29).
Como ya mencionamos, Torreón era más fácil de defender que de tomar, y ante esta situación, los federales confiaron la defensa de la plaza en la artillería; sin embargo, la estrategia falló, al no ubicar positivamente el blanco. Esto último, en vista de que atacaron Gómez Palacio, ya que creían que en esa plaza se encontraban las reservas villistas. Ante esto, Villa ordenó un descanso para sus tropas, bajo la consigna de no abandonar las posiciones, y que el General Rosalío Hernández amedrentara San Pedro de las Colonias. Por la tarde, los federales intentaron apoderarse del cerro de las Calabazas, pero fueron
rechazados, además de que el día 2 se desató una tolvanera, lo cual no permitió que los federales lanzaran un contraataque por el cañón del Huarache, y se iniciaran algunos incendios en la ciudad. Esa misma noche, el General José Refugio Velasco ordenó la evacuación de Torreón y tomó el camino a Saltillo, como resultado de que se quedaron sin municiones.
El 3 de abril, las fuerzas villistas ocuparon la ciudad; Villa procedió a nombrar autoridades
civiles y militares, de acuerdo a las instrucciones giradas por Venustiano Carranza, quien fungía como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.
Consecuencias de las batallas
Con la toma de Torreón, del 2 de octubre de 1913, la División del Norte se consolidó como unos de los ejércitos más importantes de la Revolución, ya que con esta acción, se convirtió en el destacamento que más había avanzado hacia el sur. Con este golpe formidable, los federales y sus cómplices han recibido el tiro de gracia, dejando en manos del Ejército Constitucionalista, la importante Comarca Lagunera, estratégico punto en el orden militar.
La Batalla de Torreón proyectó el nombre del General Villa, de la División del Norte y de la
Revolución Mexicana, en el ámbito nacional e internacional. En la segunda toma de Torreón, el General Villa aplicó tácticas que ya había aprendido, primeramente del General Felipe Ángeles; sin embargo, el mismo General Ángeles siempre consideró que a Villa se le daba la táctica de forma natural, como sigue:
1. Movilizó a las tropas de Chihuahua con mucho sigilo, lo cual le permitió mantener en
secreto sus operaciones, en vista de que el General Velasco pudo darse cuenta, cuando ya había caído Bermejillo.
2. El asedio que efectuó sobre los federales que defendían la plaza, provocó un desgaste irreversible sobre las tropas de Huerta, quienes se empeñaron en defender la plaza, mermando el efectivo, al grado de que la resistencia al sitio resultó insostenible y tuvieron que abandonarla. Los constitucionalistas consumieron millón y medio de cartuchos de fusil, 3,000 bombas de dinamita y 1,700 granadas de artillería, costándole más de 550 muertos y más de 1,500 heridos. Por su lado, los federales consumieron 5,971 granadas de artillería, y más de millón y medio de cartuchos de 7 mm y 30-30. El principal error del General Velasco fue la defensa férrea de Gómez Palacio, pues perdió gran número de hombres, que mermaron el efectivo necesario para la defensa de Torreón, además del gasto de municiones y pertrechos que tuvo que realizar.
Por su parte, Villa tuvo que atacar Torreón por varios flancos, buscando determinar la parte débil de las posiciones enemigas, permitiendo que, de este modo, se alargara la batalla, la cual se resolvió cuando se decidió atacar por la presa del Coyote.
Sin embargo, como se menciona anteriormente, los federales habían gastado gran cantidad de pertrechos, lo cual   repercutió en la defensa de Torreón, en vista de que se quedaron con sólo pocos cartuchos, además de las bajas sufridas, lo que afectó irreversiblemente la moral de las tropas federales.
Cabe destacar, que no se destruyó a la División de Nazas, ya que logró escapar rumbo a
Saltillo, gracias a los errores revolucionarios y a la hábil dirección del General Velasco. Sin
embargo, la toma de Torreón fue de suma importancia para las operaciones militares que le siguieron, permitiendo el avance rumbo al centro del país. De igual forma, se favoreció el aislamiento de las tropas federales destacadas en el norte, y se facilitó su destrucción, quedando el norte en manos de los constitucionalistas.
A pesar del equipo que ostentaron los federales, se ve claramente que los ideales de la Revolución fueron el aliciente de una tropa que no se detuvo, hasta conseguir aniquilar a aquel ejército que no fue más el defensor de los derechos del pueblo mexicano, y quien le pasó la factura. Por la traición cometida contra el Presidente Madero, el pueblo jamás reconoció a Victoriano Huerta como Presidente de México y, por lo tanto, carecía de bases sociales y morales.
Caballeria Villista-1a.Toma TorreonCitando a Pedro Salmerón Sanjinés “Esa fue la más sangrienta de las batallas libradas hasta entonces, en toda la Revolución, y la más importante, en términos militares, de la lucha contra el antiguo régimen. Los villistas tuvieron más de 2 mil muertos y otros tantos heridos. Los federales contarían más de 12 mil bajas entre muertos, heridos y prisioneros. Se trató de una verdadera batalla de posiciones librada contra un enemigo fogueado, conducido por jefes capaces y celosos de su deber, que, dejó numerosas lecciones que los revolucionarios supieron aprovechar” http://www.jornada.unam.mx/2014/03/25/opinion/018a1pol
Angeles-TorreonEste dato ya fue mencionado en una entrada previa, Curiosidades y datos desconocidos sobre Torreón, esta batalla es uno de los temas en la academia militar de West point, en Estados Unidos, por toda la estrategia militar que implicó, por parte de los dos bandos, sobre todo el revolucionario en las figuras de los generales Francisco Villa y Felipe Ángeles. Hoy Federales TorreonApues, a casi 100 años de la toma de Torreón y la batalla y Toma de San Pedro de las Colonias, conviene recordar que estas batallas son una cicatriz que debería forjar el orgullo, el sentimiento de identidad y pertenencia, no solo de torreonenses y san petrinos, sino de toda la Comarca Lagunera, porque no se puede entender el triunfo revolucionario si no entendemos la importancia de toda esta zona y sus poblaciones, Bermejillo, Mapimí, Tlahualilo, Gómez Palacio, Lerdo, etc., sitios de gran importancia y con un acervo histórico que es digno de recordarse.

 

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