Una de las primeras entradas de este blog, trató sobre la perdida del patrimonio historico de Torreón, a lo largo de estos dos años de existencia, este blog se ha encargado de darle una gran difusión a este mal que aqueja a la norteña ciudad. Se han aportado datos, fotografías, críticas, sugerencias, pero parece que todo esto han topado con una pared.

Reciente mente, leía en “El Siglo de Torreón”una nota que señalaba que “El 70% de los edificios historicos de Torreón, catalogados por el INAH ya no existen, ya que han sido destruidos o se derrumbaron debido al “deterioro” (que mejor dicho sería abandono). Es decir, de los 81 edificios catalogados, al menos 57 edificios han desaparecido.

¿Pero quienes son los máximos responsables de este deterioro?, No podemos culpar solo al actual presidente municipal, Miguel Angel Riquelme, no podemos culpar solo a Olmos, o a José Ángel Pérez, o a Guillermo Anaya,  la culpa es de todos, la culpa es incluso de los mismos torreonenses, quienes siguen pasivos ante tal despojo. Los presidentes municipales por su poca consciencia cultural e histórica, incluso moral, por que, siendo su deber, velar por los intereses de sus gobernados y su ciudad, se han hecho de la vista gorda y han permitido semejantes barbaridades.

Veamos los casos más visibles. El edificio Simon Lack, una bella muestra de la arquitectura en ladrillo, derrumbado para dar paso a una tienda Soriana (del edificio solo sobrevivió el reloj), o la casa Morisca (un edificio de oficinas sin mucha vista), el antiguo Banco de México y de Londres (que ahora es una farmacia con una fachada de lamina), viejas casonas a lo largo y ancho de todo el centro ¿Y dónde queda el INAH, las autoridades municipales para detener estos agravios a la cultura e identidad torreonense? ¿Por que no ha habido multa para los particulares o empresas que pesé a exigir que se conserven las viejas fachadas, las destruyen y hacen lo que les da en gana?

Según la nota de El siglo de Torreón ”

Entre los ejemplos están parte de una casa de principios del siglo XX en Bravo y Donato Guerra. Otro inmueble histórico estaba en Leona Vicario y Ocampo, también representativo de la época fundacional de Torreón, que de un día a otro ya era un lote baldío. Un caso más fue el de un inmueble en la calle Acuña, entre bulevar Independencia y avenida Allende, donde se otorgó permiso con la condición de que se conservara la fachada, pero toda la casa fue derribada. En Zaragoza y Matamoros se demolió otro edificio.

Lo más grave del asunto es que los terrenos que quedan, se utilizan para tiendas de cadenas de autoservicio, gasolineras (como si no hubiera ya demasiadas de las dos) y estacionamientos (como el triste caso del que fuera el teatro Princesa). Con esto, no solo se va perdiendo entre la comunidad el sentido de pertenencia y orgullo por su ciudad, sino que se exilia de manera fulminante el fomento a la cultura en todos sus ámbitos, quitando la posibilidad de que viejas fachadas se utilicen como espacios culturales (museos, escuelas de arte, danza, etc.)

Pareciera que el reciente nombramiento del Comité Ciudadano de Cultura ha llegado bastante tarde y no pareciera estar otorgando resultados. Espero que al menos, esté comité le de voz a las personas más autorizadas en el tema (historiadores, arquitectos) para un verdadero plan de rescate de los primeros cuadros de la ciudad de Torreón. ¿Sera que 44 millones de pesos que se quieren destinar para su rescate serán suficientes para recuperar todo el despojo?

La magnitud de este atropello es grande; Torreón, teniendo una de las mejores trazas urbanas del país (sino es que la mejor), una ciudad que albergó muchos de los estilos arquitectónicos que tenían auge de principios del siglo XX y que lo hacia un centro “ecléctico y atípico del resto del país” (es decir, un centro histórico único en su tipo) ha perdido gran parte de su patrimonio por descuido, omisión ¿Y por qué no decirlo?, contubernios.

Sigo insistiendo, pesé a la gran perdida histórico-cultural que ha sufrido la ciudad, aún estamos a tiempo, aun podemos ocuparnos de lo que aún tenemos, y después, ocuparnos de lo que queremos, podemos y tenemos que recuperar.

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