El día de hoy, durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, el canciller Marcelo Ebrard anunció una serie de eventos y conmemoraciones en el años que se celebra el 200 aniversario de la Consumación de la Independencia de México. En ese marco, dentro de las actividades anunciadas se encuentra una que llama mucho la atención, el ofrecimiento, por parte del gobierno mexicano, de una disculpa por la Matanza de 303 personas que pertenecían a la comunidad china en Torreón el 15 de Mayo de 1911.

Hace algún tiempo, escribí una entrada referente a este acontecimiento, titulado «Una mancha imposible de borrar: La matanza de chinos en Torreón«, donde se trata de abordar los acontecimientos de ese fatídico día. Mas que hablar sobre los hechos en si mismos, hablemos sobre la implicación de la disculpa que el Gobierno de la República dará el próximo 17 de Mayo.

El análisis más profundo nos lleva a algunas consideraciones muy importantes: estamos hablando de una acción de una gran magnitud y de un gran significado conciliador en tiempos donde en el mundo movimientos racistas empiezan a adquirir notoriedad nuevamente y en un sentido mas «local», el reconocimiento de los lamentables hechos y la reconciliación con nuestro pasado, el admitir que se cometió un atropello y que como sociedad, como ciudad, como región y como país estamos dispuestos a aprender de ese lamentable hecho. Es también de gran importancia, el hecho ya que rinde un homenaje y un reconocimiento a las victimas de tan lamentables hechos.

¿Pero por que hablamos exclusivamente de lo ocurrido en Torreón aquel 15 de Mayo de 1911? ¿Que no el sentimiento xenófobo anti-chino era de carácter nacional y/o internacional? Efectivamente, ese sentimiento anti-chino estaba presente en todo el país y en el mundo, incluso, como ya se mencionó en este blog, las actitudes racistas y xenófobas contra la comunidad china fueron alimentados en tiempos de la revolución en parte por gente afín a los hermanos Flores Magón, incluso, en estados como Sonora, se promulgaron leyes que impedían a mexicanos casarse con los inmigrantes chinos, pero fue en Torreón, donde este odio contra un grupo étnico llegó a su clímax el 15 de Mayo de 1911, perpetrado por el ejército maderista y parte de la población torreonense. Lo más sorprendente, es que la campaña antichina no terminó ahí, en México, la propaganda contra los chinos no terminó sino hasta la década de los 40´s.

La matanza de los 303 chinos en Torreón, representa los excesos a los que se puede llegar cuando la irracionalidad, el odio, los prejuicios y la ignorancia se combinan. Más allá de las razones que dieran los jefes revolucionarios tratando de justificar sus acciones, como el supuesto apoyo de la comunidad china a la guarnición federal porfirista (que no tenían un sustento) o su presunta participación directa en la defensa de la ciudad (también sin sustento), es justo decir que fueron meros pretextos para darle rienda suelta a sus prejuicios y odio y e visibiliza más claramente, cuando vemos las brutales imágenes de los cuerpos de inmigrantes chinos, o cuando damos cuenta de cómo la población saqueó los negocios y las fuerzas maderistas atacaron y masacraron sin distinción a hombres, mujeres, niños o ancianos.

Es por ello que aquí radica la importancia de el ofrecimiento de disculpas al pueblo chino, es por ello que debe ser en Torreón donde suceda este acto, porque, y lo digo con profunda tristeza, es aquí uno de los lugares donde se materializó el odio, que si bien es cierto, hechos como este se han dado en otros lados del mundo, este hecho en particular tuvo la peculiaridad, que durante años se guardó un silencio que parecía que su intención era dejarlo en el olvido.

Una ciudad como Torreón, cuyas bases fundacionales, además del ferrocarril, la industria o la agricultura, se asientan también, y principalmente en la migración de tantas personas de diferentes grupos étnicos que vinieron a estas tierras a progresar y engrandecer nuestra región, llámense chinos, árabes, norteamericanos, ingleses, alemanes, griegos, franceses, españoles, mexicanos y que además, nos legaron a los torreonenses una identidad propia, un sentido de pertenencia a nuestra tierra y el orgullo por nuestra región basado en el esfuerzo diario y el trabajo como cultura.

Como torreonenses debemos hacer un análisis profundo, justo y objetivo. Ningún torreonense en la actualidad participo de eso eventos, ninguno asesinó a alguno de esas 303 inocentes almas, ninguno de los torreonenses que vivimos en la actualidad cometimos ningún agravio, pero es parte de nuestra historia, es parte de ese pasado que si bien, nos ha dado muchos capítulos de gloria y heroísmo, también nos dio un episodio tan negro que se hace necesario dejar ese silencio cómplice que por años intentó ocultar el hecho y verlo a la luz de la razón y la más elemental empatía, humanidad y solidaridad para asegurarnos que no se vuelvan a repetir hechos tan deleznables como los acontecidos aquel 15 de Mayo de 1911. Asegurarnos que el posible sentimiento de culpa por hechos que fueron cometidos hace 110 años y que aún puedan pesar sobre esta ciudad, esta región, se conviertan en ánimos renovados por llevar un mensaje de reconciliación y verdadera hermandad.